Leer para escribir
Llegó junio y, entre las varias razones para celebrar, en Locuras Literarias empezamos uno de nuestros eventos más importantes del año, ¡Néctar!
Néctar, en resumen, es el mes de preparación que nos tomamos previo a MIELL donde desarrollamos nuestras historias para estar listos para el desafío de escritura.
También vamos a tener el encuentro de nuestro evento “Lectura en conjunto” de mayo-junio (lo cual se va a volver relevante, lo prometo).
En “Lectura en conjunto” (o LEC), elegimos un libro, primero con una votación sobre el género y después con un tiro de dados una vez que tenemos nuestras opciones, y nos reunimos para charlarlo al cabo de un mes. Esta vez, el libro elegido fue ¡Guardias! ¿Guardias? de Terry Pratchett.

Ya habíamos leído El color de la magia en otra oportunidad y, por supuesto, se pueden ver muchas similitudes: la construcción de mundo patas para arriba, el humor absurdo y sardónico, el héroe no convencional, etc. Sin embargo, en mi opinión, acá podemos encontrar una historia más madura. Ankh-Morpork será un reflejo patas-arriba de nuestro mundo, pero hay momentos en que el espejo nos deja en desconcierto con imágenes rectas y más claras que la realidad misma. Estaremos lidiando con borrachos, cobardes, corruptos e ingenuos, pero los personajes son entrañables de una forma que Rincewind y Dosflores no manejan.
En fin, yo, personalmente, espero ansiosa la reunión de este mes.
Pero uno podría preguntarse, “¿no es una distracción, ahora en Néctar? ¿No sería mejor concentrarnos en tener nuestras historias estén listas para julio?”
A lo que les respondería, “¡qué rápido nos olvidamos de nuestros orígenes!” Al que se le ocurrió la idea de escribir sin antes haber leído un libro, visto una película o serie o escuchado una historia que lo inspiró, lo aplaudo… y lo miro de reojo.
Aprendemos a contar historias a partir de las historias que nos cuentan. De ahí sacamos nuestro lenguaje, que va más allá del vocabulario y pasa a la gramática, la estructura de la trama, los comportamientos de los personajes, las situaciones y las formas de plantearlas; las formas de recortar y encuadrar escenas, la composición de la imagen, la música que utilizar, las formas de usar la luz y los colores.
Y así como recibir las historias de otros nos inició en este camino, puede ayudar para inspirarnos.

Voy a decir algo quizás un poco controversial, pero creo que, por lo menos en gran medida, crear es reordenar. Agarrar algunas de las piezas de experiencias que tenemos dando vueltas en nuestra cabeza y darles un sentido nuevo. No hay nada que venga de la nada. Cada vez que ponemos palabras en papel (o píxel… aunque, irónicamente, tengo la sensación de que ya hice este chiste antes) estamos haciéndolo bajo la guía de todos los que hicieron algo parecido antes, ya sea siguiendo sus pasos, evitándolos como la peste o diciendo “ahora que me trajiste hasta acá, puedo avistar un camino nuevo entre los árboles y voy a ir a buscarlo”.
Un ejemplo propio: En un taller de escritura me dieron de consigna un cuento sobre una vez que hubiera tenido una resonancia magnética o, si no, algún otro estudio médico, lo cual no me movió para nada. Estaba resignada a no llevar texto cuando, un día antes de la reunión, llegó la inspiración a través de una escena de El mentalista. En ella, Patrick Jane descubre a un agente encubierto al hacer explotar una bolsa de papel llena de aire, lo cual simula el sonido de un disparo y hace reaccionar al agente. Mi cerebro hizo conexiones instantáneas que culminaron en: “Si una bolsa puede simular el ruido de un disparo, el estruendo infame de una resonancia magnética puede disimularlo.”

Lo cual dio luz a una historia policial que siguió más allá de esa reunión del taller y va a ser uno de los textos con los que voy a trabajar este MIELL.
Estos son los beneficios generales de las historias, que podemos encontrar sin importar el formato. Leer, en sí, nos pone en el estado mental específico de pintar realidades con palabras. Esto es algo que no se replica en el formato visual, audiovisual o musical, ni siquiera en el momento de contar una historia espontáneamente en una conversación, a pesar de que todas estas instancias de narración puedan compartir rasgos entre sí.
Entonces, ¿quién dice que leer ¡Guardias! ¿Guardias? no nos va a inspirar a incluir un personaje cuyas mejores intenciones fueron aquello mismo que los hirió tanto cuando la vida los decepcionó, como Vimes? ¿Por qué no podría ser útil este ejemplo de una ciudad tan corrupta que ahora es su toxicidad la que hace su química funcionar, como Ankh-Morpork? ¿Qué posibilidades nos abre el estilo sardónico y sincero, elevado y mundano, directo y referencial de Sir Terry?
Así que, la próxima vez que te encuentres mirando la página en blanco, tratando de forzarte a escribir algo, pensá que quizás lo que necesites sean algunas piezas más.



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