Como incorporar detalles del mundo sin aburrir
A veces nos encontramos con libros que parecen interesantes, pero están tan llenos de detalles y explicaciones que terminan aburriendo. ¿Por qué pasa esto? Generalmente, porque el autor estuvo más interesado en contar cosas sobre el mundo que construyó que sobre los personajes o la historia en sí. Esto es lo que se llama normalmente “infodump”. En este post te voy a dar algunos tips para evitarlo.
Ahora que estamos en pleno MIELL, ¡no hay mejor época para empezar a incorporar estos tips!
Mostrá el mundo a través de acciones
En lugar de escribir párrafos y párrafos de historia, geografía y como funciona el mundo o en qué época y lugar se encuentran los personajes (por ejemplo, si es una historia contemporánea, o histórica, en nuestro propio mundo), hacé que los detalles aparezcan a través de las cosas que hacen los personajes.
Por ejemplo, si es un mundo con magia, en lugar de explicar como funciona esa magia con narración, mostrá a los personajes usándola, o aprendiendo a usarla, mostrá como se encuentran con sus limitaciones y sus beneficios. Si estás escribiendo una novela histórica, en lugar de decir algo como “era el año 1810 en Buenos Aires y los españoles gobernaban la colonia…”, podés mostrar como un personaje sale de su casa a calles de tierra, caballos montados con soldados españoles y gente trabajando.
Recordá que tus lectores son inteligentes, que no necesitan que todo se les explique o se les muestre con lujo de detalle, con dar algunas indicaciones o mostrar pequeñas cosas que ayuden a situar en tiempo y lugar, ya alcanza.
Usá la perspectiva del personaje
Los personajes, al igual que nosotros, no están pensando todo el tiempo en cosas que ya conocen. No explican en sus propios pensamientos como funciona un auto, una computadora o haciendo un árbol familiar en su cabeza cada vez que piensan en su tío o abuelo. Esas son cosas que ya sabe y, aunque el lector no lo sepa, no tiene sentido que un personaje las explique solo para informar al lector.
En este tipo de situaciones, es mejor usar las emociones del personaje, los deseos y objetivos que tiene, y mostrar esas cosas que ya sabe a través de estos. Esto además suele sentirse más natural para el lector.
Por ejemplo, imaginemos que Juan es un profesor y quiere postularse para ser director de la escuela en donde trabaja. No tendría sentido explicar como funciona todo el proceso de postulación y selección todo junto, en un párrafo, o que Juan le explique a su compañero como va a hacer para postularse, porque ambos ya saben como funciona. Entonces, lo mejor es hacer algo así:
Juan colocó en una carpeta la planilla con sus datos básicos, su curriculum con toda la experiencia que poseía y los cursos que había realizado a lo largo de los años y la cerró. Lanzó un suspiro y la cerró con cuidado. Quién sabía cuánto tiempo pasaría hasta obtener una respuesta, pero al menos ya lo había hecho. Solo quedaba esperar.
Usá detalles pequeños pero constantes
Si, por ejemplo, querés explicar una cultura que es muy diferente a la nuestra, no hace falta que inundes al lector con párrafos llenos de detalles que no tendrán sentido hasta mucho después. Da detalles importante de a poco y cuando sean relevantes para los personajes o para el transcurrir de la historia, pero asegurate además de repetirlos de vez en cuando para que el lector los recuerde.
Por ejemplo, si querés mostrar un casamiento, no pongas varias párrafos antes de que ese casamiento ocurra explicando como funciona la seremonia, qué bestimenta usan los novios o los invitados. Mostrá como alguien está eligiendo qué ropa usar pocos días antes, hacé un dialogo entre dos o varios personajes en donde hablen de qué quieren ponerse o cómo creen que estarán vestidos los novios. Jugá con esos detalles, esparcilos entre la narración, los pensasmientos y el diálogo. Será mucho más efectivo que párrafos interminables.
Aprobechá los diálogos
Como ya venimos diciendo, en los dialogos podés mostrar cosas importantes, detalles que quizás de otra forma sería aburrido explicar. Pero también recordá que dos personajes no se van a contar o explicar cosas que ya saben. Aprovechalos bien, usá las personalidades de los personajes a tu favor y meté información en bromas, en momentos de emoción, en momentos serios. No es necesario tener un dialogo de maestro y alumno para poder explicar como funciona algo, puede ser entre dos colegas que discuten algo que pasó o que están intentando hacer.
Recordá que el conflicto es más interesante que una enciclopedia. Los lectores siguen personajes y problemas, no manuales históricos. El mundo se vuelve interesante cuando afecta a alguien.
La mejor señal de que tu worldbuilding funciona no es que el lector conozca todos los detalles de tu mundo, sino que sienta que existen muchos más de los que le has mostrado.
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