Suspenso o misterio: ¿cómo saber cuál es cuál?
¡Empezamos una nueva ronda de “Lectura en conjunto” en el Discord de Locuras Literarias! Los votos eligieron el género “Suspenso/Thriller psicológico” y el dado eligió Betibú de Claudia Piñeiro de entre las recomendaciones que trajimos. Antes de llegar al ganador, sin embargo, ya había surgido la pregunta: ¿qué es el suspenso? Específicamente, ¿cómo lo podemos distinguir del misterio?

Definiciones iniciales.
Empecemos por lo técnico. El suspenso (o “suspense”), según la RAE, es “expectación impaciente o ansiosa por el desarrollo de una acción o suceso, especialmente en una película cinematográfica, una obra teatral o un relato”. Mientras tanto, el misterio es un género de literatura generalmente centrado en la investigación de un crimen.
Vemos una diferencia clave entre los términos: uno es una sensación o experiencia, otro es explícitamente un género. Sin embargo, se acepta (y así lo usamos nosotros) como otra forma de decirle al thriller psicológico, una historia con alta carga de tensión basada en la incertidumbre o la ansiedad. Con eso establecido, a ello.

¿Cuál es cuál?
Desde un principio, se nota la razón de la confusión. El motor que mueve a ambos es el mismo: descubrir la verdad; salir de la oscuridad. La progresión de la trama está atada a la adquisición de piezas de rompecabezas, impulsada por el deseo del protagonista de saber lo que pasó, está pasando o va a pasar. Los secretos y las mentiras forman parte de casi todas las historias, pero en el misterio y el suspenso pasan el primer plano, de forma que se puede decir que el conflicto en estas historias no es conseguir algo o salvar a alguien, sino pasar del no saber al saber.
¿Cómo diferenciar entre ambos, entonces?
Podríamos agarrarnos a varios tecnicismos (el detective, el cuarto cerrado, el crimen…), pero detengámonos en lo que hacen.
- Se considera que un punto clave del suspenso es que el lector o espectador tiene más información que los personajes; así es como se genera la tensión que lo caracteriza. Compartimos la incógnita, pero, al mismo tiempo, lo que nos tiene mordiéndonos las uñas es verlos deambular, sin saberlo, más cerca o más lejos de la respuesta… o del peligro.
- El misterio, por el otro lado, es un juego de reglas justas. El lector o espectador comparte tantas pistas como el detective. Conocemos el crimen y sus circunstancias o, por lo menos, las aprendemos al mismo tiempo que el personaje. Vemos cada pista y cada conversación, y se nos desafía a una carrera para resolver la incógnita en la que estamos en igualdad de condiciones.
Notamos acá, entonces, una diferencia en cómo se trata al misterio.
- El suspenso, como dijimos, requiere la ansiedad y la incertidumbre. Descubrir la verdad se vuelve esencial, aunque sea para la cordura del personaje.
- Mientras tanto, el misterio se presenta sobre todo como un desafío mental. (“¡Descubrí al culpable en el cuarto capítulo!”) Pensemos que en sus versiones más famosas, ya sea de enigma o noir, los detectives son completos extraños al caso. Su involucración no va más lejos que la simpatía eventual.

Pero la clave para diferenciar tajantemente entre el misterio y el suspenso…
¿Qué hace al género?
… no existe.
Mientras leían este artículo, aquellos con una mínima familiaridad con el tema deben haber pensado en por lo menos una excepción a cada una de las “reglas” que marqué; lo sé porque a mí me pasó lo mismo.
Lo cierto es que raramente va a haber formas “puras” de un género, porque atenerse a eso es pensar desde el límite, algo con lo que los seres humanos nunca estamos muy contentos. Los géneros son categorías, pero no son cajas. No hay tal cosa como un límite entre el misterio y el suspenso, una línea más allá de la cual dejan de ser misterio o suspenso. Al contrario, las características de un género son siempre positivas y aditivas. Si encontramos rasgos del misterio en una obra, eso es lo que es, lo cual no impide que también sea suspenso, y fantasía, y ciencia ficción, y terror.
Así que la próxima vez que estés buscando un libro de suspenso, ya vas a saber en qué fijarte, y que no tenés que dejarte limitar por similitudes con lo que es, siendo justos, un género hermano.





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